Hugo Chávez

Hoy me tomé un café con Hugo Chávez (el bueno, ex dueño de disquería Background), conversamos de Dylan, de los Beatles, de la primera vez que se escucharon los Rolling Stones en Chile, de Nuggets, de Harry Smith, de Otis Redding, de Endless Journey, de los Byrds, de Spacemen 3 y de muchas otras cosas. Vamos a hacer un libro. Va a estar entretenido. Mucho.

Más grandes que la vida

Tercera visita de Bob Dylan en Chile, Mayo de 2012

Todavía estoy conmovido. No me he podido recuperar del impacto que me provocó escuchar a Bob Dylan cantar “They’re selling postcards of the hanging”, los primeros versos de Desolation Row, y todo lo que siguió. Nunca pensé llegar a ser testigo de tal acontecimiento, uno que pocos en este país son capaces de valorar en su justa medida. En Chile muchas veces me he topado – sobre todo durante mis breves exploraciones de las redes sociales – con mucha gente que encuentra “fome” a Dylan o lo descarta por “desafinado”. Es probable que estos sean de la misma estirpe de quienes dicen que Shakespeare es latero y son incapaces de citar algo del autor más importante de lengua inglesa de todos los tiempos aparte de “ser o no ser” al tiempo que relumbra el aserrín en su cabeza como laurel que corona su ignorancia supina.

Porque las notas de prensa se enfocan en subrayar la poca voz que le queda a Dylan, el hecho de que haya tocado sus “hits” (sic) o lo tildan sin arrugarse como “superhéroe” americano. El colmo de los colmos fue hace un par de semanas cuando un periodista de Artes & Letras escribió un largo artículo cuyo supuesto objetivo sería despejar la incógnita de si Dylan es letrista o poeta. No podía creer lo que estaba leyendo. Aparte de la siutiquería antologable de varios pasajes del artículo, como concluir que la respuesta a tal disyuntiva “vuela con el viento”, debo confesar que las arcadas no fueron metafóricas luego de terminar el artículo, pues el autor de tan verborreico exabrupto se dio el lujo, a la pasada, de ningunear a Nicanor Parra quien habría citado mal un fragmento de Tombstone Blues, al traducir “fuse” como “comida”. Al respecto, puedo informarle al señor periodista que en varias versiones de Tombstone Blues el mismo Dylan reemplaza “fuse” por “food”. Dicho esto, podemos mandar al periodista a lavarse con jabón gringo los dedos con que tecleó tal desfachatez. Ningunear a partir de la ignorancia es uno de los deportes nacionales. El muy perla!

Volviendo a Dylan, lo que parece no entender nadie en este país[1] es cuál es su importancia  en la cultura occidental del siglo XX. El tratar de conducir la discusión hacia la interrogante “letrista o poeta” es tan provinciana (o derechamente idiota), no sólo por lo anticuada y fuera de foco dentro del concepto dinámico de cultura que se maneja hoy en día, sino también clasista. Como si Dylan necesitara, a estas alturas, validarse ante la academia o la alta cultura. O peor, como si el mote de “poeta” garantizara algo a estas alturas. Me da pena que haya periodistas cultos – me consta que el tipo que escribió la nota lo es – que caigan en errores tan básicos. Qué queda para la gran horda de periodistas incultos.

Para desvirtuar tan miope discusión de un plumazo, baste citar uno de los principales versos del siglo XX: “Roll over Beethoven / and tell Tchaikovski the news” del enorme y colosal Chuck Berry, quien – ¿será necesario decirlo? – no buscaba postular al Nobel, al Booker Prize, el Bollingen, ni una beca Guggenheim, ni mucho menos que sus “lyrics” sean impresas en libro para ser traducidas luego por Editorial Pre-Textos y lleguen al librero de un culto periodista que se preguntará, mirando su réplica del cráneo de Yorick, “es esto poesía?”. No me hueveen!

Dylan, como todo gran artista no es un superhéroe ni ha inventado nada. De hecho, creo que para graficar la importancia de Dylan, o del mismo Parra de pasadita, es bueno hablar de Shakespeare. El bardo de Strattford-upon-Avon tampoco inventó nada en concreto, sino que supo seleccionar lo mejor que encontró en distintas fuentes (obras arcaicas y desconocidas, las tragedias griegas, obras latinas, y – cómo no – la propia experiencia) para crear obras tanto o más grandes que estas mismas obras inspiradoras y, esto es lo más importante, más grandes que la vida misma. Lo mismo pasa con Parra, quien metió en la batidora antipoética elementos de los poetas de la Beat Generation (pienso sobre todo en Ginsberg y Corso), elementos de Eliot, Pound y los poetas metafísicos ingleses, Whitman, las canciones de su hermana Violeta, el mundo campesino, el lenguaje publicitario y periodístico, y muchas otras fuentes. Dylan tiene influencias literarias similares a las de Parra, pero sus fuentes principales son músicos de blues y country  que, antes de Dylan, sólo habían sido apreciados por un puñado de neófitos y minorías raciales: Odetta, Robert Johnson, Blind Willie McTell, Blind Lemon Jefferson, Woody Guthrie, Hank Williams, Charley Patton, por mencionar a algunos. Pero de éstos no sólo tomó canciones, patrones rítmicos, melodías completas, sino también las letras y, lo más importante, una atmósfera estética y una actitud ante su arte. Lo que hizo Dylan fue la praxis de lo que hizo Harry Smith en términos de rescate antropológico con su célebre Anthology of Folk Music, o Alan Lomax en su Columbia World Library of Folk and Primitive Music. Tal como lo que hizo Violeta Parra en el campo chileno fue la praxis de, ejem… una idea solitaria de Violeta Parra.

En fin, Dylan, como Parra, como Shakespeare, como el mismo Homero, son trovadores (da lo mismo la forma: literatura a secas, teatro, música, lo que sea) que lograron un corpus que es más grande que la vida misma de un individuo que vive en sus respectivas épocas, por eso su arte sobrevivirá y será fuente de más artistas, cineastas, pintores, dramaturgos, cantautores, poetas y ensayistas, incluso académicos y periodistas (cultos e incultos) podrán alimentarse de sus inagotables manantiales, produciendo nuevas obras, algunas valiosas otras no, hasta que alguien tome la posta, y elabore – como un talentoso alquimista – una nueva pócima que hechizará a tantos y a tan pocos.

Ayer, para los que no entienden, Dylan no “deconstruyó” sus canciones, tan sólo se citó a sí mismo. Cuando empieza Cry a while con el riff de Rainy Day Woman #12&35, o The Levee’s Gonna Break con guiños a Highway 61, está haciendo eso: citarse, reírse de sí mismo reafirmando eso que lleva haciendo por tantos años. El humor de Dylan, como el de Parra (tan mal “leído”) y el mismo Shakespeare es cosa seria. Algo sigue pasando, pero como Mister Jones, no tenemos idea de qué se trata, y tan seguros que nos vemos, verdad?

Postdata: el de ayer fue el mejor de los tres conciertos. En todo caso, es segunda vez que canta Tangled up in blue en Chile. Ya lo hizo el 95. Image


[1] País que está en crisis grave si tomamos en cuenta que Arjona (a quien me duele sólo nombrar en el mismo párrafo que a Dylan) llenó no sé cuántos shows seguidos en el Movistar Arena, mientras Dylan no alcanzó a completar un solo show vendido completamente (compárese con Argentina, donde Dylan vendió cuatro noches seguidas en el Gran Rex de Buenos Aires).

R.I.P. Levon Helm

Falleció un grande de la música popular del siglo XX. El gran Levon Helm quien, junto a otro enorme personaje como Robbie Robertson, fue el cerebro de The Band.

Aquí lo podemos ver interpretando una de las mejores canciones de Robbie, “The Weight”, junto a Mavis Staples, de las legendarias Staples Sisters, en The Last Waltz (Martin Scorsese).

La canción es una de mis preferidas de todos los tiempos. De hecho, de aquí saqué el epígrafe de mi segundo libro de poemas, Machina (Ediciones Tácitas, 2007):

My bag is sinking low and I do believe it’s time

Ahora que lo pienso, el verso funciona como un muy adecuado epitafio.

Sobre cómo los Blops fueron parte de la génesis de Sonic Youth

El concierto de Kurt Vile y Thurston Moore estuvo muy bueno. Pero tal vez lo más sabroso de la noche y que de seguro perdurará en el anecdotario de los cameos de chilenos en grandes eventos del indie internacional (como la presencia de Álvaro Peña en los 101ers de Joe Strummer) es lo que contó Thurston Moore para introducir la canción Fri/End, que dedicó a Felipe Orrego (hermano de Juan Pablo Orrego, quien también aparece en la historia) de Los Blops.

No alcancé a grabar la primera parte de la historia, donde Thurston cuenta que Kim Gordon tuvo un romance con Felipe y que ella siempre hablaba de sus amigos chilenos con quienes solía tocar música. Luego se reencontrarían durante la primera visita (o la segunda, no estoy seguro) de la banda a Chile. El relato grabado comienza cuando iban con Felipe en su auto a comprar discos al Persa Bio Bío.

La historia completa la cuenta el mismo Felipe Orrego aquí, con fotos excelentes.

John Donne

Una despedida: prohibido el duelo

Tal como los hombres virtuosos tienen plácida muerte,
y le susurran a sus almas que se alejen,
mientras algunos de sus tristes amigos dicen
“Oh, es su último suspiro”, y otros dicen “No”;

Así derritámonos, sin ruido alguno
ni torrentes de lágrimas, ni tempestades de suspiros,
sería una profanación de nuestra alegría
proclamar el laicismo de nuestro amor.

El temblor de la tierra trae temor y daño,
los hombres saben lo que pasó y su significado,
mas la trepidación de las esferas,
aunque mucho mayor, es inocente.

El torpe amar de amantes sublunares
(cuya alma es sólo sensación) no puede admitir
la ausencia, porque ésta quita
los elementos que lo fundamentan.

Pero nuestro amor, tanto más refinado
que ni aún nosotros sabemos definir,
mutuamente a salvo en nuestras mentes,
no extraña los ojos, los labios o el tacto.

Nuestras almas, entonces, que son una,
aunque habré de partir, sobreviven no sólo
una ruptura, sino se expanden,
como el oro golpeado se transforma en aérea delgadez.

Si es que son dos, son dos tan firmes
como las gemelas piernas del compás;
tu alma es la fija, y no se mueve
salvo cuando la otra lo hace.

Y aunque se quede fija en el centro
cuando la otra vaga lejos,
ésta se inclina para escucharla atentamente
y se yergue cuando la otra retorna.


Así serás tú para mí, que debo
como el segundo pie, correr oblicuo;
tu firmeza hace mi círculo perfecto
y me hace terminar donde empecé.

últimos estertores de este blog

Alguien sabe si se puede guardar contenido del blog en un archivo y dejarlo invisible?

En fin, quiero cerrarlo, pero me da pena que se pierda lo aquí escrito y publicado. No es que crea que tenga gran valor, pero siempre se puede sacar algo en limpio de la estupidez humana.
Para que no se vea tan pelada esta entrada enumero algunos libros leídos últimamente (todos muy buenos):
Varios de DFW
  • The Pale King
  • Extinción
  • La niña del pelo raro
  • This is water
Contraluz de Pynchon
Estrellas muertas de Bisama.
Ahora estoy en los Relatos autobiográficos de Thomas Bernhard. Están muy buenos a pesar de la mala traducción de Sáenz (no imagino un escritor como Bernhard con una sintaxis tan deficiente). Lamento no leer alemán.
Me esperan
Formas de volver a casa, de Zambra (a mi mujer le encantó)
El sacramento del lenguaje de Agamben
y una ruma enorme de libros que leo con afán instrumental aparte del obvio afán recreativo.
Me interesan
ZURITA, obviamente
Compro Fierro de Juan Carreño
Sumario, de Cristóbal Joannon, que se lanza en unos días más (el 1º de septiembre, si no me equivoco)
Y una novela de un tal Díaz Klaassen, de quien he leído sólo entradas en su blog (no encuentro el link ahora, pero a mí me apareció en google), y que auguran una buena novela. ¿Alguien lo ha leído?
Se supone que voy a hacer unas traducciones de Delmore Schwartz y Robert Lowell, pero todavía no hay noticias de los derechos. Igual tengo algunos avances en este ámbito, así que una vez que den el “sí”, no demoraré tanto en hacerlas. Bueno, eso espero.
Saludos a todos menos uno

Perdón, no escribiré sobre The Pale King

Escribiré a partir de The Pale King.

Algo bueno se viene.
Al comentarista de la anterior entrada le digo: DFW es tan bueno como Roberto Bolaño. Te puede gustar uno más que el otro (a mí, de hecho, me gusta un poco más uno), pero lo dos son grandes escritores, herederos de los más grandes, como Kafka, Borges y Pound.
Estén atentos a “algo” que espero publicar luego, dentro de los dos próximos años. Ojalá antes de cumplir 40.
Saludos a todos los (pocos) que siguen visitando esporádicamente este sitio muerto. Espero borrarlo pronto, pero todavía no me animo.