Para Tom Raworth

image1-18Malas noticias para la salud de Tom Raworth. Según indica una nota redactada por él mismo en su blog, los tratamientos que estaba llevando a cabo para frenar un agresivo cáncer no han tenido efecto y el poeta ya está en casa recibiendo terapia paliativa para moderar el dolor. Su partida es inminente. Espero que logre despedirse en paz y acompañado de sus seres queridos y su adorada Val. Aquí traduzco un par de pequeños poemas para él que aparecen en La realidad y la luz. Los traduje hoy a la rápida para mandárselos vía Val, quien le está leyendo los mensajes que de seguro están llegando de sus amigos y lectores.

Two city music pieces for Tom Raworth

 

I.

seconds

tap

my head

double-bass

out of tune

coupling

static &

white noise

jammed avenues

with the zombie swarming I try to fumigate

when I close my eyes.

 

II.

The spaghetti western

whistle

Of my thoughts

In frozen

duel

With mythical villages

Of an invisible infeasible

republic

lackadaisical dictatorship

these imperatives

disregarded.

 

Dos Dream Songs para Delmore Schwartz – John Berryman  

noone-should-look-that-unhappy

Dream Song 147

La mente de Henry se tornaba más negra a medida que pensaba.

Veía al mundo como la representación de una puta veterana.

Delmore, Delmore.

Se deshizo en pedazos que se azotaron contra el suelo.

Nada fue verdadero, excepto las enseñanzas de Marco Aurelio,

“Todo eso son aromas pestilentes & sangre en una bolsa”.

Concebía el mundo como las despedidas de una arpía.

Su amor casi murió a causa de sí mismo, nada más.

Su madre & William

Se sentían vívidos en la misma carta en que murió Delmore.

El mundo es lunático. Esta es la última vuelta.

Delmore, Delmore.

Elevado sobre las ramas estivales cantó el poeta.

Su garganta, adolorida, no podía volver a cantar.

Todos los oídos tapados

Atraviesan las cumbres desde donde surgieron Delmore & Gertrude

Hace tanto tiempo, en la bondad que opera como cimiento.

Delmore, ¡Delmore!

Dream Song 150

Tenía seguidores pero no podían encontrarlo;

Amigos que no podían encontrarlo. Escondió sus dones

En el centro de Manhattan,

Sin mujer, en hoteles baratos,

Paseándose con tal cara de loco en las calles que los amigos lo esquivan

Adónde lo llevó esa cosecha

A la que todos nos debemos o de lo contrario sin demora moriremos:

¿Recordaba los poemas más bellos y frescos

De su prematura adultez ahora?

¿O acaso sus agudos y estrictos estándares

No los aceptan, desconcertándolo? ¿Qué es, entonces, lo que la autoestima muestra

Del débil futuro, acaso?

Sangraría por recitar su adorable obra mejorada

Pero eso no ocurre. Con dolor se apartó

De los lazos mundanos

Y se sacudió resentido. ¿Qué pensamiento final

Acompañó su caída sobre la alfombra del hotel, si hubo alguno

& los hechos consignados por el New York Times?

Inconclusa película de invierno (uno de mis poemas predilectos de Machina)

 Reality is an undivided

whole in perpetual flux

– David Bohm

 

I.

La pieza oscura rasgada, la tibia

luz de la tele disecta el espacio

–noche prematura, chal en las patas–

a Paul McCartney lo escoltan gaiteros

y canta en verdes praderas pintadas

por la luz incolora de la caja

Tostadas con manjar o mermelada

dulzura de gaitas, en la meseta

en que fui concebido, esta cama.

Península de Kintyre, donde yacen

congeladas las añejas tostadas

con manjar y mermelada, mis ojos

cansados, la gaita desafinada.

 

II.

Desflorar los umbrales prohibidos

escapar del rumor de risotadas

pleno día, el invierno se asoma

con su pálido haz por la ventana

como en arcaica caverna, cegado

agonizante figura a contraluz

la silueta del vampiro me mata.

Nosferatu entona lúgubres nanas

la película muda se proyecta

sobre la muralla, el cielo raso

amenaza con lluvia y temporales

“Ángel de mi guarda”, voz congelada,

el espectro está sobre la cama.

III.

Borrosas postales de irrealidad

la purga, la ruta, un estallido

la burbuja como una frazada

con húmeda fragancia a naftalina

el irremontable torrente, péndulo

relicario de países remotos.

Las fotografías, ruinas de un sueño.

Calugas fosilizadas, el chicle,

La leche chocolatada, el pasto

Congelado, mocasines lustrados,

Abandonado a su suerte en la selva,

La balsa a la deriva abandonada,

Los plátanos orientales no cubren

El sonido de la tormenta, mi casa.

Tomates de ninguna parte (breve prosa escrita especialmente para Boo’s Hollow de Attiscus Review en junio de 2015)

“No voy a hablar desde ninguna parte”, creo que dijo Nicanor Parra alguna vez. No recuerdo si lo se lo escuché decir en alguna entrevista o algún video. Googleo y no encuentro la cita. Tal vez dijo algo parecido pero en mi mente se grabó así, o tal vez lo soñé. Lo cierto es que Parra sí habla desde ninguna parte: desde ese no-lugar en que habitamos todos quienes hemos elegido –o nos hemos rendido ante el llamado invisible- del más oscuro y más agobiante de los oficios: la poesía. Tal vez más que no-lugar, sea un anti-lugar, un lugar que, siendo técnicamente un lugar, un punto determinado en el espacio-tiempo, una bandera en un mapa, una dirección o un código postal, es también un lugar que está más allá de sus especificaciones geográficas y espaciales, de los datos que podamos acuñar. Calle Bartolomé de las Casas número x, comuna de Vitacura, “el mejor lugar para vivir”, según reza el lema en los folletos que manda periódicamente el municipio. Calles despejadas y silenciosas en un barrio residencial que lentamente se resiste a la voracidad de las grandes inmobiliarias que levantan lujosos edificios de departamentos DFL2 que venden como pan caliente en cerca de 500.000 dólares, una zona donde el sol se cuela a través del follaje de las hayas, aromos y bellotos, y a lo lejos se puede oír el ladrido de un perro, el avance de un camión a lo lejos. Esto podría ser una ciudad de cualquier país con clima mediterráneo. La única diferencia es la forma, claridad y ángulo de la luz, que es único de este aquí y este ahora.

Wallace Stevens escribió en un poema: “I am what is around me”. Yo creo en esto, pero creo que el lugar que ocupa uno en el mundo no tiene que ver, principalmente, con el lugar geográfico donde le tocó nacer. Sí, en parte, porque somos modelados por el entorno. Pero en literatura, somos nosotros quienes modelamos el paisaje al cual pertenecemos. Podemos elegir la paleta de colores, el tipo de pincelada y, claro está, quiénes son nuestros precursores. Aquí, frente a la ventana donde escribo y vivo, veo acelgas que crecen en torno jazmines y rosas blancas y un matto grosso de frondosos arbustos con tomates cherry, o como quiera que se llamen esos tomates pequeños, que son sabrosas y jibarizadas versiones de sus grandes y homónimos parientes. Como poeta chileno, me siento como un tomate cherry todavía verde en el arbusto más lejano frente a los imponentes tomates rojos que siempre degusté en mi infancia y que lamentablemente es casi imposible encontrar en supermercados.

Desde dónde escribo: desde ningún lugar determinado a pesar de que estoy en Chile. Frente a mí veo tomates, flores y hortalizas que nunca he mencionado en algún libro. Detrás de mí una biblioteca me observa, ahí están mis queridos Eliot, Berryman, Lowell, Lihn, Parra, Cheever, Baudelaire, Ginsberg, Esterhazy, Kiš, Pound, Borges, Bellow, y una larga tropa multinacional de nombres, en mi mesa descansa el último de mi amigo y compatriota Zambra y por los parlantes suena la música entrañable de un amigo que me ha acompañado desde hace décadas, a quien nunca tuve necesidad de conocer personalmente, Miles Davis, de quien adopté su wittgensteiniana máxima: “Don’t play what’s there, play what’s not there”.

Original en Boo’s Hollow